Capítulo 1 - El Centro de Adaptación de Personas Sin Recuerdos

El día amaneció como lo había estado haciendo los últimos días. Los rayos del Sol cubrían con su luz cada rincón de la ciudad, cada vez más temprano.

Se encontraba sobre la cama, con las sábanas enredadas y pegadas a su cuerpo por culpa del sudor. Aquella noche había sido asfixiante. La luz entró por el pequeño hueco en las cortinas e iluminó el sudor que cubría su blanquecino cuerpo desnudo dando un brillo hipnótico a su piel.

Bajo sus párpados, sus ojos sintieron el cambio de luz en la habitación y decidió despertarse. Miró el reloj que se encontraba situado sobre la mesita junto a su cama y pudo distinguir los números que parpadeaban sin cesar.

Eran las 6:00 y el Sol iluminaba el mundo con una luz con una intensidad desmesurada y es que el día y la noche ya no tenían unas horas determinadas.
Los seres humanos habían causado un daño irreparable en el planeta y éste demostraba síntomas como si estuviera enfermo. El planeta se apagaba lentamente. Ella probablemente no vería jamás los verdaderos efectos de los actos de las generaciones humanas anteriores, pero sí que notaría y sentiría los cambios climáticos tan exagerados.

Y ese no era el mayor dilema humano.

Lysa se levantó y fue directa a la ducha. En cierto modo se sentía sucia con todo su cuerpo cubierto por el sudor. No tuvo más que abrir el grifo y colocarse debajo. No podía tardar mucho, pues desde hacía años, antes incluso de su nacimiento, se limitaba la cantidad de agua usada en los hogares, y cada día era una cantidad algo más reducida que el día anterior.

Comenzó a enjabonarse con suavidad y rapidez, e hizo lo mismo con su pelo. Pero se distrajo un segundo mientras se aclaraba, la presión del agua presionó levemente sobre su pecho y sintió un cosquilleo. Placentero. Probó a masajearlo con su mano y comprobó que la sensación era aún mejor. Disminuyó el flujo del agua para disminuir la presión y lo colocó instintivamente entre sus piernas. Prosiguió con el masaje mientras sentía como de su interior emanaba un fluido ardiente. Tras unos minutos se estremeció y notó una pequeña convulsión y durante unos segundos el calor se deslizaba por sus muslos. El agua se cortó casi al mismo tiempo que parecía estar limpia y fría de nuevo y Lysa sintió que de repente volvía en sí.

Salió de la ducha y se quedó observando su reflejo en el espejo, un reflejo al que había tenido que acostumbrarse pues era un reflejo que no conocía, del mismo modo que no conocía a nadie en aquel lugar y hasta hacía poco ni si quiera recordaba como cocinar para si misma o como usar un ordenador.
Ahora se encontraba en el CAPSR o Centro de Adaptación de Personas Sin Recuerdos, que era un conjunto de edificios semejantes a un complejo hotelero donde miles de personas desmemoriadas comenzaban a crear nuevos recuerdos guiados y asesorados por cientos de médicos, psiquiátras y demás.

A Lysa la conocían como Elisabeth01e, aunque ella detestaba que la llamaran así. Era una indicación de donde se encontraba su habitación y así podían hacerla regresar si salía de la planta sin permiso o hacía alguna cosa que no consideraran adecuada.

El 0 indicaba la planta. Curiosamente se usaba para indicar el último piso en lugar de para la planta baja, que habría sido lo más lógico viendo como estaban distribuidos los botones en los ascensores. El 1 indicaba el número concreto de la habitación y la "e" indicaba la orientación y colocación de la misma, haciendo referencia al este.

Observó en el espejo la extraña cicatriz de su hombro, casi parecía que la hubieran atravesado con una espada. Los médicos le aseguraron desconocer le origen de aquella herida pues cuando pudieron observarla ya estaba casi cicatrizada.
Al parecer una extraña sombra la había dejado en la puerta del CAPSR con una nota en la que solo figuraba el nombre de "Elisabeth" y cuando despertó, Lysa no recordaba nada.

Durante varias semanas intentó acostumbrarse a todo y adquirir nuevas habilidades o recuperar algunas que ya tenía pero no había logrado recordar.
Se llamó a si misma Lysa porque era el nombre que le llegó a la mente al mirarse por primera vez en el espejo tras despertar.

En el espejo la observaba una joven de piel clara, pelo castaño hasta los hombros y unos ojos tan azules y oscuros como las profundidades del mar. Su nariz era pequeña, no le embellecía el rostro pero no estaba mal, sus orejas le parecían un pelín más molestas pues le parecían algo grandes y se veían algo puntiagudas. Sus labios rosados eran finos para ser una mujer, pero eso no le molestaba en absoluto, lo que de verdad le molestaba era aquella cicatriz en el hombro izquierdo, sobre todo el no conocer su origen.

Se alejó de su reflejo y se dirigió a la ventana.

Pudo observar el inmenso patio y los jardines del este del centro.

Como ella, la mayoría de las personas que allí se encontraban no podían recordar absolutamente nada de sus vidas. Algunos, tal vez algún día, recordarían poco a poco o de golpe todo su pasado, o tal vez solo una parte. Otros no tendrían nada de eso, había personas que no recordarían ni crearían nuevos recuerdos, morirían sin conocer si quiera su propio nombre.
Lysa se entristecía al pensar en ese grupo de personas. Ella, al menos, tendría una oportunidad de crear una nueva vida en el caso de no lograr recordar nada.

Recorrió los pasillos de su planta como solía hacer de vez en cuando. Pero aquel día sintió algo diferente.
Aquel día pudo recordar algo, o mejor dicho, a alguien.
El chico que estaba delante, frente a ella. Y recordó su nombre...

                                     Su nombre era...

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