Humanos

Humanos...
En ocasiones son seres fascinantes, llenos de ilusión, de belleza, de arte. No importa el color de su piel, el de sus ojos, no importa la forma de sus ojos o tus pies, no importa el estilo de su pelo o de su ropa. Importan sus palabras. Y es un logro de gran valor encontrar personas que compartan su sabiduría y su buen habla y vocabulario. Es un buen día cuando encuentras personas con las que poder compartir conocimiento y experiencias.

También hay una antítesis de lo mismo, personas a las cuáles jamás querrías cerca porque sabes que lo único que te causarían sería un gran dolor y pesar en cientos de sentidos posibles para dichas palabras. Encuentras personas que no merecen la pena. Son personas a las que debes tener en cuenta dentro de esa experiencia que resulta la vida, pero debes alejarla de ti, o al menos, intentar que no te dañen.

Pero volvamos de nuevo a esa buena gente que te mira a los ojos, te sonríe con amabilidad y habla de cosas que llaman a la puerta de tu curiosidad y la hacen elevarse hasta límites insospechados. Porque puedes encontrar personas que, sin saberlo, comparten tantas cosas contigo, afición a la música, a los libros, etc, que sientes una especie de conexión. Y sabes que esos sí que merecen la pena.

Y esa conexión dura, dura tanto como se quiera, aunque a veces, ya sea por tus actos o los suyos, llega el fin del vuestro entendimiento y la conexión se rompe. Pero otras permanecen fuertes, se crean otras nuevas.

Al final siempre estás conectado, quieras o no, con todos estos humanos.

Incluso aunque muchos no merecieran ni serlo.

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