Capítulo 4. Steel El recuerdo del miedo.

Lysa no pudo contener las lágrimas. No sabía exactamente por qué. No recordaba cuanto tiempo había pasado, no recordaba cuál había sido la importancia que había tenido su relación con ella, pero no podía dejar de llorar. Helena le abrazaba con fuerza y colocaba su cabeza sobre su pecho. Lysa podía oler el cuerpo de Helena, podía sentir un dulce aroma que provenía de su pecho bajo aquella fina capa de ropa, era un olor agradable que le hacía sentir mejor.

- Tenemos que sacarte de aquí. Vendrán pronto. - el tono de Helena era mucho más serio de lo que los fugaces y endebles recuerdos de Lysa podían mostrarle. Tiraba de su cuerpo como podía intentando avanzar entre los pasillos.

A Lysa ahora los corredores del centro se le antojaban infinitos, tenía la sensación de que eran increíblemente más largos de lo que recordaba en su estancia, o tal vez no todos los pisos tenían la misma distribución. Eso ella no lo sabía pues en sus meses en el centro nunca había estado en otro piso que no fuera el suyo o el bajo, además de los jardines en los que pocas veces se le había estado permitido deambular.

Tras varios giros y tirones por parte de Helena para que siguieran avanzando se detuvieron frente a la puerta que daba a las escaleras del otro extremo del edificio. Frente a ellos se alzaba una gran figura oscura envuelta en ropajes negros. Poseía un extraño aura que hacía sentir miedo a Lysa a pesar de la ya difícil situación en la que se encontraba.

La sombra se erigió ante ellas con una sonora carcajada. El sonido de aquella voz les hizo eco en sus mentes y les hirió rasgando el aire como el filo de un cuchillo.

- Vaya vaya.- comenzó la sombra. - Veo que la joven Lysa vuelve a estar en activo. - la voz comenzó a equilibrarse en un tono que sonaba muy cercano a una voz de niño. - Es una lástima de veras. Hice una apuesta con el viejo "Ojos de fuego" por ver cuánto tiempo tardarías en "reactivarte". Yo aposté por tres años. Él insistió en que sería menos de uno. La preciosa "Scorpio" insistió en que no recuperarías ningún recuerdo y que estarías "fuera de juego" durante muuucho tiempo. - la voz comenzó a ser algo chillona, el tono era muy infantil, tenía un cierto matiz de burla y desprecio.

La sombra se acercó y Lysa pudo ver con mayor claridad que a penas si llegaba a medir metro y medio de altura. Parecía un niño, todo su atuendo era negro, a excepción del extraño casco que poseía que era de un tono plateado y sus guantes que eran blancos. Lysa no pudo evitar fijarse en ellos cuando la sombra alzó las manos ante él.

- Parece que también nos acompaña la preciosa Helena. ¿Aún sigues con tu compañero "el Chamán"? Habrías estado muy bien entre nosotros. Si hubieras hecho algo de caso....

Helena parecía conocer a aquel chico sombra. Lysa vio como su mirada cambió cuando el joven dijo lo de su compañero. Ella tenía la sensación de saber a quién se refería, aunque no dijo nada y prefirió esperar a la reacción de su salvadora.

- Veo que hoy no has sido perezoso, Steel... Te hacía jugando con alguna consola. ¿A caso el cuervo te ha graznado para que vinieras?- Helena parecía nerviosa, pero sus palabras sonaban muy confiadas y con un tono de desprecio muy remarcado.

- Lo cierto es que no tenía ganas de venir. - dijo el chico. - pero como bien sabes nuestro trabajo es en todo el mundo y a pesar de que somos muchos el estar cerca de manera habitual hace que te manden a este tipo de cosas, el jefe insistió en que fuera yo. Bueno, ¿por qué no simplemente la dejas aquí para que yo pueda llevármela? ¿Prefieres acaso jugar?

Helena apretó con fuerza la mano de Lysa, como si temiera que fuera a huir. Le dirigió una mirada y susurró:

- Vete...

Helena desenvainó su espada y se puso entre Steel y Lysa. Steel comenzó a reir a carcajadas, era la risa de un niño, pero sonaba diabólica.

- Entonces sí que quieres jugar. - dijo Steel. Lysa imaginó una amplia  y endiablada sonrisa bajo el casco plateado. - Comencemos. - anunció.

Lysa sintió un golpe en el pecho, Helena la empujaba mientras detenía la bota negra de Steel con la hoja de su espada. Sabía lo que significaba aquello, tenía que dejarla allí, no podía quedarse ahí, ahora era solo un estorbo inútil. Volvía a huir de nuevo.

Steel pareció verse asombrado de aquel movimiento inesperado. El pasado había sido muy diferente, pero ahora Lysa no era la misma de antes y todos, incluso alguien como Steel, lo habían notado. No hizo falta más que un leve movimiento para que Steel volviera de nuevo a su posición inicial y quedara frente a Helena quien con su espada se disponía a parar o realizar cualquier ataque.

- Me temo que no eres rival para mi. - Steel sacó de entre sus ropas un pequeño cuchillo. Era plateado y al parecer flexible según podía mostrar Stell al jugar con él, lo colocó en su mano derecha y en su izquierda apareció un cuchillo más grande con una hoja de unos veinte centímetros de largo. Era similar al que tendría cualquier persona en su casa como cuchillo de cocina, pero el de Steel desprendía un brillo verdoso en su hoja. - Este es para matarte y trocearte. - le dijo señalando con el cuchillo de cocina hacia ella. - y este otro es para poder quitarte bien los huesos. - le hizo un gesto con el otro cuchillo. - Tal vez los perros disfruten más de tu carne.

- Creo que lo tienes muy creído enano. - Helena no podía ocultar el miedo de su voz, sabía lo que aquel mocoso podía hacer, y sabía perfectamente que no era rival para él, pero debía ganar tiempo. Tenía que parecer más fuerte. - Te haré pagar por lo de la última vez.

Stell comenzó a moverse muy rápido, y todo sucedió de manera semejante a la última vez. Pero esta vez Lysa no estaba allí.

......

Tras las palabras de Lee todos se movían a una por las calles, alejándose del parque. Helena instaba a los demás a seguir a pesar de que la confusión les hacía, de un modo obvio, cuestionarse la razón del miedo que de repente les había inundado el corazón. Lysa se sentía muy nerviosa y Alexander no podía dejar de escudriñar en la oscuridad que avanzaba por el rojo cielo conforme el Sol se acostaba en el lecho del horizonte.

Las dudas acabaron pues pronto el motivo de su miedo apareció frente a ellos. Solo Lee y Helena estaban lo suficientemente capacitados en aquel momento como para reaccionar, aún así el sudor frío que les recorría la espalda los delataba como temerosos.

- Permitid que me presente. - Una figura oscura había aparecido ante ellos casi de la nada. - Mi nombre es Steel. - Su voz era aguda, semejante a la de un niño, pero al mismo tiempo tenía un eco entre mecánico y gutural que hacía que sus palabras fueran como cuchillos al rojo rasgando la oscuridad. - Hoy he venido a llevarme a dos de vosotros. El Chamán y el Samurái. Tenéis un puesto en nuestras filas que no podéis rechazar puesto que mucho me temo que al perder la oportunidad perderéis también la vida.

Lee se adelantó al grupo y se interpuso entre la sombra y los demás. Sus ojos parecían haber cambiado ligeramente de color y su cuerpo parecía más grande que antes, su respiración era más fuerte y más intensa. Incluso su voz había cambiado.

- Pronto os lo explicaré. - anunció con una voz que al grupo le pareció demasiado grave y sombría para un humano. - Nadie se moverá de donde está ahora. Nadie irá con vosotros.

- Scorpio - llamó Steel en un grito rabioso. Una figura de mujer apareció junto a él.

Su aspecto era majestuoso, su pelo negro y su tez nívea le hacían parecer más frágil de lo que probablemente sería, dicha impresión se veía reforzada por unas marcadas ojeras. Su figura formaba un perfecto reloj de arena redondeado que solo quedaba distorsionado a la altura de su voluminoso pecho. De un movimiento se puso frente a Lee y comenzó a acariciar su rostro con cierta ternura. Helena apretaba con fuerza los dientes.

- Podrías haberme poseído, oh gran Chamán. - Soltó una pequeña risita y pareció sonrojarse. Su expresión cambió por completo y la hostilidad e histeria de su voz eran como una hoja ardiente que rasgaba el aire. - Pero me has rechazado. Tú y tu maldito grupo de marcados. - su voz se tornó de nuevo a un tono cariñoso e insinuante. - Pensaba dejarlos vivir vigilados si nos aceptabas, incluso siendo una grave amenaza para los demás... - se acercó más al rostro de Lee e hizo un gesto para besarle.

Lee decidió entonces no dejar que prosiguiera con aquel estúpido discurso y espectáculo a tiempo que su brazo izquierdo intentaba golpear el rostro de aquella mujer envenenada. Scorpio pareció verlo de antemano y le bastó un pequeño movimiento para evitar el ataque. Steel comenzó a ver el peligro. En su mano derecha apareció un cuchillo de unos veinte centímetros de largo y una hoja de unos seis centímetros de ancho. La hoja poseía un enigmático brillo verdoso.

- Me parece que tendré que mataros.- Todos sintieron el dolor de aquellas palabras. Todos sintieron como se esbozaba una cruel sonrisa en aquel niño oculto tras sombras y un casco.

2 comentarios:

  1. Te escribo para decirte que has sido nominado en mi blog, pasate cuando puedas.
    Lena
    http://compasesrotosips.blogspot.com.es/

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    1. Gracias por nominarme. Normalmente no suelo responder a esas cosas, aunque creo que es buena hora de empezar. He publicado una entrada con mis respuestas y te he mencionado, obviamente.

      Espero que las respuestas no sean muy malas para ti.
      : )

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