El final de la pesadilla

- ¿A caso no te has divertido suficiente? - su mirada expresaba una rabia casi incontrolable, apoyada por su forma de hablar a gritos.

La figura frente a él parecía reírse a carcajadas lo que acrecentaba su ira a cada segundo.

- Creo que todo puede ser mucho más divertido. - la sonrisa seguía en su rostro, no tenía intención de dejar aquella expresión a un lado. - Todavía no habéis sangrado lo suficiente. Vuestros gritos no serán escuchados, vuestros llantos quedarán ahogados entre dolor y sangre.

La habitación, alumbrada por una tenue luz blanca mostraba un escenario grotesco y sangriento, más propio de un gran campo de batalla en donde solo dos seres se alzaban con vida sobre un grupo de cadáveres o personas que pronto también lo serían.

Las lágrimas descendían por ambas mejillas, unas de rabia, otras de satisfacción. Uno había escogido para fallar y otro había vencido. Aquella primera elección los había llevado hasta aquel punto, hasta aquel cara a cara que se había llevado por delante a todos y cada uno de los que ofrecieron su ayuda.

Era la hora, el momento en el que todo acabaría, aquel era el final de la pesadilla. La vida se escapaba a cada gota de su sangre que caía en el pequeño lago rojo que cubría el suelo de la estancia. Ambos pasarían unos minutos de victoria y derrota, y tras eso nada. Se lamentó por todo, pero ya no podía hacer nada.
Al menos se alegraba de no morir solo.

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